El especialista Federico Dall'Ongaro explicó cómo la inteligencia artificial modifica la producción de contenidos, el análisis de audiencias y el testeo de mensajes, y advirtió sobre los riesgos de los deepfakes y la desinformación electoral.
La inteligencia artificial ya se aplica en distintos momentos de una campaña política: desde la producción de contenidos y el análisis de conversaciones en redes hasta la segmentación de audiencias y el testeo de mensajes.
En una entrevista con Somos Pymes, Federico Dall’Ongaro, licenciado en Relaciones Internacionales y especialista en comunicación política, señaló que el principal cambio está dado por la velocidad con la que los equipos pueden analizar la respuesta de la sociedad.
La IA entró a las campañas por varios lados a la vez: producción de contenidos, análisis de la conversación en redes, segmentación de audiencias y, más recientemente, testeo de mensajes. Lo que más cambió es el tiempo
Federico Dall'Ongaro, en una entrevista con Somos Pymes.
Según explicó, antes de lanzar un mensaje los equipos podían esperar semanas para conocer su impacto a través de encuestas o grupos focales. La inteligencia artificial permite explorar reacciones en plazos más breves y luego complementar ese análisis con herramientas tradicionales de validación.
Personas sintéticas y segmentación de audiencias
Dall’Ongaro contó que en su trabajo con candidatos detectaron que el problema no era la falta de datos, sino la ausencia de una escucha efectiva. En ese marco, mencionó el uso de personas sintéticas: perfiles construidos con datos de distintos segmentos para probar cómo podrían reaccionar frente a un discurso, una campaña o una propuesta.
El especialista es fundador de Narrative Center y cocreador, junto con Lucas Slater, de ArquetipIA, un desarrollo orientado a testear discursos, campañas y productos antes de su lanzamiento. También aclaró que estas herramientas no reemplazan por completo a las encuestas ni a los grupos focales, sino que modifican el orden del proceso: primero permiten explorar con rapidez y luego validar con mayor profundidad.
Sobre la segmentación, sostuvo que no es una práctica nueva en la política. La diferencia, según planteó, está en la posibilidad de identificar con más precisión las preocupaciones de distintos sectores y adaptar la comunicación a esos intereses, siempre que exista coherencia entre los mensajes dirigidos a cada público.
El riesgo de los deepfakes y la pérdida de confianza
Entre los principales riesgos aparece la creación de audios, imágenes y videos hiperrealistas o alterados. Dall’Ongaro advirtió que un video falso de un candidato, difundido durante los últimos días de una campaña, puede circular rápidamente y ser difícil de desmentir a tiempo.
El riesgo más evidente es el engaño directo: un video falso de un candidato diciendo algo que nunca dijo, difundido en los últimos días de campaña, cuando ya no hay tiempo para desmentirlo. La mentira circula en minutos y la corrección llega tarde, si es que llega
Federico Dall'Ongaro, en una entrevista con Somos Pymes.
El entrevistado también señaló un problema menos visible: la pérdida de confianza general. Si cualquier contenido puede ser presentado como falso, incluso una afirmación verdadera puede ser desacreditada con el argumento de que fue fabricada mediante inteligencia artificial. A eso se suma la posibilidad de inundar las redes con contenidos y dificultar la identificación de información relevante.
El material de la entrevista también menciona que la desinformación y los ataques virtuales pueden afectar de manera desproporcionada a mujeres y candidatas en la vida pública, además de reproducir sesgos culturales o lingüísticos.
Transparencia y regulación
Para Dall’Ongaro, el debate regulatorio debería concentrarse en los usos de la tecnología y no en prohibir la inteligencia artificial en las campañas. Entre las medidas posibles, mencionó identificar la publicidad política generada o alterada con IA, establecer responsabilidades para las campañas y fijar sanciones frente a la suplantación de identidad.
También consideró necesario que la Justicia electoral cuente con capacidad técnica y mecanismos rápidos de actuación, debido a la velocidad con la que circulan los contenidos durante una campaña. Al mismo tiempo, planteó que las normas deberían evitar convertirse en censura previa y diferenciar el engaño de la sátira, el humor y la opinión.
Qué puede hacer la ciudadanía
Como pautas para evaluar un contenido político, el especialista recomendó preguntar quién lo publica y en qué otros espacios aparece. Un mensaje difundido únicamente por grupos de WhatsApp o cuentas desconocidas requiere mayor cautela, especialmente si busca provocar indignación, miedo o una urgencia inmediata por compartirlo.
También sugirió recurrir a sitios de verificación de datos. Sin embargo, remarcó que la responsabilidad no debe recaer exclusivamente en los ciudadanos: las plataformas, los partidos políticos y los medios de comunicación también cumplen un papel central, junto con la educación digital y reglas claras para quienes producen y distribuyen contenidos.









