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La esperanza es lo último que se pierde

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Se promedian dos años y medio del gobierno de Mauricio Macri, y la economía no muestra señales de mejoras.

No obstante, las últimas mediciones realizadas indican que para 2019 los candidatos más fuertes serán nuevamente de las fuerzas de Cambiemos y del Peronismo Kirchnerista. En síntesis, todo indicaría que los candidatos serán el mismo Mauricio Macri por la primera, y Cristina Fernández, por la segunda.

Al parecer, estos dos viejos adversarios se han elegido nuevamente de manera mutua. Desde el kirchnerismo esperan que no aparezca un “tercero” de línea justicialista que le reste potenciales votos del peronismo “puro”, aquel que no concuerda mucho con la expresidente, pero que no votaría a un no-peronista.

Y desde la vereda de en frente creen que la candidata perfecta de la oposición será CFK, ya que es una de las protagonistas políticas del momento con mayor imagen negativa.
Que mantiene un importante piso electoral, que ronda el 30 por ciento, pero no tiene demasiado potencial de crecimiento. Es decir que, con un techo ya determinado, será mucho más fácil ganarle.

Pero no todo parece tan simple. Desde Casa Rosada esperan que no surja ningún candidato “tapado” que represente una tercera opción viable. Y esto sucede por los pesimistas números de la economía en general. La falta de resultados, el enfriamiento de la economía, el dólar a casi 30 pesos, y la inflación que pareciera que nadie puede controlar, son los puntos más criticados por la sociedad.

No obstante, es una realidad que, de no aparecer ningún otro candidato que despierte el interés del electorado, es muy probable que el “voto castigo” se haga presente nuevamente. Y ante los innumerables hechos de corrupción de la época “K” que salen a la luz día a día, y la concepción del electorado de que parte de la responsabilidad de la crisis económica actual obedece al desmanejo administrativo de la gestión anterior, es muy probable que el oficialismo gane nuevamente. Tal vez con números muchos más austeros que en otras elecciones, pero con una victoria al fin.

Y este panorama hipotético, que se lee de una imagen de la realidad actual y en el que no se descarta que cambie más adelante, nace de la esperanza del ciudadano de a pie. Que, aunque desconfía del gobierno actual, aún cree en sus buenas intenciones, y piensa que efectivamente estos duros meses serán un sacrificio para poder remontar las cuentas públicas, y que se dé una efectiva mejora en la economía familiar.

Porque, ante todo, el pueblo aún tiene esperanzas. Sabe lo que quiere a la hora de votar, pero también tiene muy claro que es lo que NO quiere.

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