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jueves, junio 13, 2024
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    Escrito por tres jóvenes que NO se quieren ir del país

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    Entre 1860 y 1930 arribaron a nuestro país cerca de seis millones de inmigrantes, en su mayoría europeos. La Gran Inmigración fue generada principalmente por dos factores, una economía prometedora y con proyección, que impulsaba a los migrantes a “hacer la América”, y economías europeas devastadas que expulsaban a los ciudadanos que zarpaban en busca de una mejor calidad de vida.

    Hoy la situación se presenta inversa. Muchos jóvenes (latino)americanos sueñan con irse, decepcionados con la macroestructura social construida por la mal llamada “clase política” y las constantes crisis autogeneradas, siendo aquellos en los que la oportunidad y el deseo se unen, los que compran un pasaje y se van a “hacer la América (pero la del Norte)”.

    Sucede que, como país, nos vivimos cortando las piernas, perdiendo oportunidades históricas, como la posibilidades de exportar energía y alimentos presentadas por los variables contextos internacionales. Los desórdenes políticos internos y económicos, generan que nuestra economía haya pasado en cien años de ser una de las primeras a nivel mundial según los rankings de desarrollo internacional a ser el ”segundo peor alumno de latinoamérica”, y uno de los últimos del mundo en el ranking, lamentablemente.

    En este artículo no se trata de echar culpas, siendo que para algunos será el neoliberalismo atroz que impuso la dictadura, para otros será el peronismo en sí, Mauricio Macri, o Cristina Fernandez de Kirchner. No estamos para hablar de esto. Los jóvenes no miramos al pasado, no buscamos culpables, buscamos un futuro, buscamos ese progreso que nos prometieron si estudiábamos y trabajábamos.

    Lamentablemente para muchos (más de los que cualquier economía pudiese soportar), ese progreso nunca llega, y para muchos otros el progreso está fuera de las fronteras nacionales. 

    En el otro extremo, nos encontramos nosotros. Tres jóvenes que compartimos el diagnóstico. No negamos la crisis, la inflación ni la pobreza, tampoco negamos que progresar cuesta diez veces más que en cualquier otro lugar… Pero, qué linda es nuestra patria, ¿No? Afuera el mate no tiene el mismo sabor, ni el asado de los domingos sabe igual sin tus viejos al lado. A miles de kilómetros de distancia, los amigos no te pueden sorprender y visitarte sin aviso con una bolsa de criollos. Afuera la vida no es como acá. Creemos que se nos entiende…

    Y nosotros elegimos quedarnos acá, porque le agarramos el gustito a eso. A veces, mientras más difícil sea la vida, más hermosa es, y porque estamos convencidos, de que este país está condenado al éxito. Porque millones de inmigrantes buscando un futuro son la prueba de que este país tiene una gran base de esperanzas y sueños de oro y éxito.

    Realizando un breve repaso por los discursos y comentarios que sobresalen y se imponen entre los sujetos de nuestra nación, uno de los más renombrados en estos últimos tiempos es aquel que puede resumirse en algunas frases que hemos podido escuchar hasta el hartazgo (en gran parte, debido a la injerencia de los medios de comunicación hegemónicos), tales como: «este país es una mierda», «hay que irse de este país»,“en cualquier parte trabajando la mitad te comprás un auto o una casa”, “un amigo se fue el año pasado y ya consiguió laburo”, y así podemos continuar hasta el cansancio.

    Todos estos ejemplos e ideas conforman un discurso que se caracteriza por su carácter absoluto, y si debemos proteger a alguien de estos discursos es a los adolescentes y los jóvenes, quienes se muestran endebles frente a estos comentarios del desánimo, pero ¿porque son los jóvenes los más indefensos?

    Una posible respuesta a dicho supuesto se puede encontrar en la cuestión de la identidad en nuestro país, de la identidad de nuestra patria, y ejemplos de esto sobran, cuestiones cotidianas que podemos ver a diario ¿Como son los edificios que podemos ver cada día que salimos a la calle? ¿Acaso no son todos de procedencia europea? ¿Qué es el teatro Colón, sin ir más lejos? ¿Donde se reivindica lo nuestro, lo propio? Incluso es algo que podemos observar en nuestros vocablos ¿Cómo se llaman nuestras provincias? Santa Fe, Santa Cruz, Córdoba, Buenos Aires, San Juan, Misiones, Tierra del Fuego, y así podemos continuar hasta encontrar otros tantos ejemplos en ciudades o pueblos de nuestro territorio. Además, otra pregunta que es fundamental hacernos es la de cómo se les enseña a los jóvenes la historia de Argentina ¿se les enseña la historia oficial contada por los Sarmiento, los Roca, los Avellaneda? ¿o se hace un revisionismo histórico que retoma las raíces de nuestros pueblos?¿Que nos enseñan de los pueblos originarios y de los europeos?¿Civilización y barbarie?  

    Estos meros ejemplos son algunos de los tantos que podemos nombrar para dar cuenta de la crisis identitaria que ha atravesado a la Argentina históricamente, una crisis que comenzó  a edificarse con la generación del ´80, y que sin lugar a dudas ejerce una influencia fundamental hasta nuestros días, ya sea tanto a los jóvenes como a los viejos, los cuales se ven inmersos en prédicas de carácter casi absoluto.

    Retomando los dichos con los que comenzamos este artículo, es importante aclarar que muchas veces si bien “ el amigo consiguió laburo “ , el mismo se basa en atender tras la barra de un bar siendo un profesional recibido, que si bien trabaja la mitad, eso solo le alcanza para pagar el alquiler y no mucho más, pero, por sobre todas las cosas, pareciera que ahora los problemas del país en el que ahora se aloja no le afectan porque está afuera de esa comunidad.

    Es de esta forma que el «cualquier cosa es mejor que esto» se va desvaneciendo conforme el nuevo rumbo le hace saber a uno que la condición de extranjero no es gratis, y de que las desventuras, las injusticias y las contradicciones del sitio del que ahora habita también existen, y también para los jóvenes, sobretodo para estos.

    Hoy por hoy hay alrededor de 64 millones de jóvenes desempleados en el mundo y otros 145 millones que si bien trabajan, son pobres. Son datos de la Organización Internacional del Trabajo, los cuales muestran que dichos jóvenes en el mundo se ven expuestos a mayores tasas de desempleo y precariedad laboral que los adultos.

    La idea que ha sido durante décadas un lugar común del imaginario colectivo argentino pero que retomó con fuerza en los últimos años de que la única salida para un futuro mejor es Ezeiza se derrumba al observar que dicha crisis en lo que refiere a los jóvenes, más que un mal nacional pareciera ser un problema global, porque entre las máximas potencias mundiales la situación de empleo juvenil también preocupa. De hecho, un informe de la OIT a nivel mundial señala que la mayor parte de los flujos migratorios internacionales están compuestos por jóvenes, que en un 70 por ciento son menores de 30 años.

    El informe de la OIT señala también una situación de gravedad y una retracción “drástica” del empleo a nivel global en el sector juvenil: en dos décadas, de 1997 a 2017, los jóvenes pasaron de ser el 21,7 por ciento de la fuerza de trabajo mundial a ser el 15,5 por ciento, lo que equivale a por lo menos 35 millones de trabajadores menos. 

    Los jóvenes tienen el doble de posibilidades de caer en un empleo precario o temporal que los adultos, siendo el trabajo en línea, la economía colaborativa y la uberización de la economía los más populares. Esto lo podemos ver tanto en nuestras economías locales y regionales, como nacionales e internacionales. El futuro del trabajo pareciera que es el freelance o el trabajo on-demand. ¿Esto es algo positivo para el mercado mundial? Es probable que así sea, cómo así que la misma economía mundial se globalice al punto de que las economías se equilibren. Solo el tiempo dirá, pero, por lo pronto, aquí se postularon nuestras conclusiones. Agradecemos al lector y a la editorial.

    Ramiro, Juan y Manuel. Tres jóvenes, una visión

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